sábado, 15 de enero de 2011

DOS GENERACIONES


Reflexión de juventud publicada en la REVISTA TAMAULIPAS, edición número 200, correspondiente a los meses de junio y julio de 1970.

MAX. LUGO.

Grecia y Roma, grandes maestras de la cultura occidental en la Filosofía, el Arte, la Ciencia y el Derecho ---de éste principalmente por lo que toca al pueblo de Rómulo y Remo---, han tenido una pléyade de IDEALISTAS que permitieron encumbrar a estos pueblos y llegar a la excelsitud plena en el primer período de la Historia de la Humanidad.

El tiempo continuó su marcha. La Edad Media, los grandes inventos y descubrimientos geográficos, el renacer de la cultura, las épocas moderna y contemporánea, han tenido y tienen sus grandes IDEALISTAS, ya que sin IDEALISMO se habría estancado el mundo y permanecería estático sin progreso ni esperanza.

Hoy, dos generaciones de IDEALISTAS se encuentran en pie de lucha, inconsciente e incomprendida; padres e hijos, viejos y jóvenes, sumidos en una profunda incomprensión mutua, caminamos paralelamente por la vida en apariencia, pero realmente separados por un abismo que la gran mayoría de las veces no nos permite entendernos unos con otros; ya que si bien, ambos somos IDEALISTAS, los caminos que nos conducen a tal estado del espíritu son diferentes.

El IDEALISMO de la nueva generación es romántico e impetuoso; muchas veces irreflexivo, propio de la juventud; y el de los adultos, es por el contrario, meditado, estoico, producto de una profunda reflexión que le han dejado los años de pasadas experiencias, pero que se han ido; y no son los mismos que actualmente estamos viviendo.

Todo IDEALISMO posee dos elementos, imaginación y experiencia de la vida. La disyunción de generaciones la hemos hecho los jóvenes y los viejos; el IDEALISMO de ambos se ha disociado, pues los que han crecido con el siglo no quieren ver a la nueva corriente como lo que es, una nueva corriente; no se resignan a la aceptación de las ideas de la juventud pensante, a pesar de que en no pocas veces se percaten que la razón nos favorece.

La juventud, ávida de nuevas experiencias, rehúsa aceptar los moldes refractarios que han establecido los adultos en una cierta época y en un cierto tiempo, y que si bien cubrieron el momento histórico en su juventud, actualmente no se adaptan al nuestro. La consecuencia es la constante rebelión, justificada algunas veces e injustificada en otras, de la generación joven frente a la adulta.

Ahora, si el problema ha sido creado por las dos generaciones, ambas deben encontrar la solución y responsabilizarse de encarar las faltas y errores cometidos. Los ahora adultos también tuvieron veinte años; los jóvenes de hoy no hemos tenido cincuenta.

Es injusto de ambas partes echarnos la culpa, eso nunca dará solución al problema y con el tiempo, el divorcio entre generaciones se agudizará; pues a medida que transcurre, la rebelión y la inconformidad aumenta y el abismo se hace más profundo.

La juventud no quiere pláticas ni conferencias organizadas por los adultos en contra de la delincuencia y el consumo de estupefacientes; no es el camino para el acercamiento de generaciones. La objetividad y la práctica son más efectivas que mil palabras dichas con lujo de retórica o con ánimo de sermón.

Para que las dos generaciones se comprendan, es necesario que ambas se conozcan; que los adultos entiendan o por lo menos traten de entender el arte moderno, la literatura de José Agustín y a los demás escritores de nuestra generación, así como también por qué bailamos rock and roll, twist y a go-go; y nos den la oportunidad de dialogar con ellos para exponer nuestros puntos de vista, conocer los suyos y discutirlos, y no concretarse a sostener un monólogo de críticas y reproches que sólo conduce a separar aún más la brecha generacional.

domingo, 9 de enero de 2011

LA MUJER EN LA HIPERPOLÍTICA



LA MUJER EN LA HIPERPOLÍTICA.

Reflexión basada en la obra de Peter Sloterdijk, “EN EL MISMO BARCO. ENSAYO SOBRE LA HIPERPOLÍTICA” (Reflexión del autor sobre el actual camino de la vida de la horda).

MAX. LUGO.

 En la actualidad, la catástrofe de Babel ha dado origen a una dispersión tal, que los más de seis mil millones de seres humanos que pueblan la tierra, divididos en ciento noventa y tres estados con reconocimiento internacional, mas los no reconocidos por la totalidad de las naciones y treinta y nueve territorios dependientes de otros, que hablan aproximadamente cinco mil cien idiomas y muchos otros dialectos, paradójicamente, en la época de mayor comunicación en el mundo, sostienen un diálogo de sordos en el que cada día es más actual la maldición bíblica, por lo que resulta remoto suponer que con la idea de alguno o algunos de ellos pueda resolverse la pluralidad de pensamientos y puntos de vista entre unos y otros, y existan así gobiernos funcionales en todos los niveles en los ámbitos nacional e internacional..

Sin embargo, y dado que la fase que se vive no es el fin del fin, sino sólo el de una etapa y el inicio de otra, el gran reto --prima facie— del político o mejor aún de la política (de sexo femenino), es tener claros los conceptos de lo posible y lo deseable. Enfrentarse a la tarea de hacer este mundo el mejor de los mundos posibles y como en su tiempo dijera Leibniz, aun con sus lobos y ovejas, tomar para sí el ser mediador entre ancestros y descendientes y con base en uno de los más antiguos métodos, el de repetición, aprender el procedimiento y obtener ganancias donde la hiperpolítica sea la continuación de la paleopolítica, aunque por otros medios.

En la paleopolítica, Sloterdijk imagina a las hordas como islas flotantes que avanzan lentamente de modo espontaneo por los ríos de la naturaleza. Yo también imagino a los errabundos hombres de Neardental, Cro- Magnon, Grimaldi y Chancelade , formando las incipientes culturas Levalluisiense , Mustriense, Gravettiense, Auriñacience, Solutrense y Magdaleniense allá en el Pleistoceno y parte del Holeoceno; en las etapas de clima suave y de frío intenso a que dio lugar la última glaciación durante el Paleolítico medio y superior, siendo dirigidos por una mujer. Útero humano dador de vida por razón natural y privadora de ella por razones económicas y demográficas, aun con toda la tragedia que a ello pueda implicársele.

La historia de la humanidad da cuenta de la necesidad de que unos mueran para que otros vivan; esto es, que la sobrevivencia del hombre ha sido a costa del mismo hombre. La madre del paleolítico asimiló este principio y lo puso en práctica por el bien de la horda; en ésta no sólo tuvo la relevancia natural de la matrinialidad, sino que de acuerdo a las investigaciones que se han llevado a cabo, y sin descartar que los líderes de las hordas pudieron haber sido también varones y no sólo mujeres como yo lo supongo, fueron éstas --conforme la teoría de Johann Jakob Bachofen-- las que preponderantemente asumieron la encomienda de su dirección matriarcal, es decir, el matriarcado de la horda; entendiéndose como tal según el propio Bachofen, el sistema donde las mujeres tienen el dominio sobre los hombres y organizan las esferas de la vida social.

Sloterdijk parece estar convencido del matriarcado de la horda y de la selección matriarcal por razones económico- demográficas a que me referí con antelación. Él señala al respecto en su obra, lo siguiente: “…es evidente que en el ámbito del paleolítico se mantiene un matriarcado (de arjé) psíquico que se hace respetar en cuanto poder sobre el limitado ressource del amor materno. Que el descubrimiento de lo trágico no fue privilegio de la cultura superior ---como tampoco lo fueron el descubrimiento del más allá y el de la transmisión de la potencia cultural---, sino que lo trágico está fundado en la administración paleopolítica de los bienes escasos…”.

En la horda de la prehistoria, el matriarcado como útero social, como principio psíquico que representaba, se complementó con las esferas psicoacústicas que aglutinaban al grupo a través de la música y el canto, así como del protolenguaje. Los ruidos entre hordas debieron ser distintivos de su identidad y éstos son los que constituyen, de acuerdo a Sloterdijk, las “islas Sociales”.

En este punto, quiero hacer una digresión para subrayar un aspecto que para mi tiene singular importancia y que tal vez, haya pasado inadvertido la mayoría de las veces en que se medita sobre el carácter psicoacústico de las esferas que aglutinaban la horda; esto es, que la música y los ruidos que hacían posible el baile y la convivencia social, así como el protolenguaje, eran vehículos captados por el oído que llegaban hasta la psique del individuo.

En efecto, si bien el sentido del oído humano no se encuentra y obviamente a la sazón, no se encontraba tan desarrollado como el de los mamíferos inferiores en que es hipersensible, el oído del hombre capta las ondas sonoras y vibraciones desde que éste se encuentra en el claustro materno y resulta ser --según Plutarco en su Tratado de la escucha-- quien a la vez toma su afirmación de Teofrasto, el más patético y a la vez el más lógico de todos los sentidos. Patético, porque “nada de lo que puede verse, gustarse o tocarse produce enloquecimientos, tribulaciones, emociones tan grandes como los que se apoderan del alma cuando ciertos ruidos resonantes, estruendos y gritos la afectan por el oído”; y lógico, porque es el sentido que puede recibir el logos ( aquí incluyo la palabra, el protolenguaje y el lenguaje) mejor que cualquier otro. Por eso, acota Plutarco, el oído tiene más lazos con la razón que con las pasiones; y por consecuencia, estimo, es el sentido humano más influyente desde la paleopolítica hasta la hiperpolítica.

Retomando el concepto de “islas sociales”, debe decirse que con el paso del tiempo, estas protosociedades se fueron alejando de la opresión de la vieja naturaleza, evitando el conflicto y alcanzando el lujo. El homo sapiens pasa de recolector- cazador a agricultor; la horda pierde su razón de ser como isla flotante. El hombre de este período renuncia a ser nómada y se establece en algún lugar; se da la ocupación como protoforma de posesión; domestica al perro y a otros animales; su manifestación de poder crece respecto al próximo, y es el punto de quiebre del matriarcado al pasar a la horda de hordas en que dio inicio la fase de la política clásica con las primeras culturas. Al Atletismo de Estado y la megalopatía, de acuerdo a Sloteridijk .

En este trance, la mujer, la matriarca, consciente o inconscientemente pierde el control de su grupo; ya no será quien controle a la horda de hordas. En adelante, estará condenada al silencio, la obediencia al varón y al recogimiento doméstico. Es este último cual atleta, quien toma la estafeta de la política de la República. La mujer estará ausente del gobierno, a no ser eventualmente como esposa o madre del monarca o dirigente en turno.

En Egipto, una de las altas culturas más antiguas que se conoce, de acuerdo a la tabla de Jürge von Beckerant, de la I a la XXXI dinastías, es decir del año 3032 al 335 antes de nuestra era, de no ser sólo como consortes, no se registra alguna mujer como monarca; tampoco en la época de los reyes griegos: Alejandro Magno, Filipo Arrideo y Alejandro IV; y es sólo en la de los Ptolomeos durante los años 81 a 80, 58 a 55 y 51 a 30 (a.n.e.), en que las Cleopatras: Berenice III, Berenice IV y Cleopatra VII Filópator, asumen el trono per se en los respectivos años; trono que es retomado por los varones, ahora de Roma, desde el mismo año 30 hasta el 313 de nuestra era.

Al igual que en Egipto, en China, que de sus 3776 años de historia casi 3677 corresponden al dominio de 13 dinastías que van desde la Shang (1766-1027 a.n.e) a la Manchú o Quing (1644-1911), no se advierte la participación preponderante de la mujer en la cosa pública; lo mismo puede decirse de las culturas India y Mesopotámica, así como entre los griegos y romanos, en donde salvo raras excepciones, la mujer tácitamente fue condenada al mutismo y a la obediencia del hombre, a quien Aristóteles en la “Política” consideró “por naturaleza más apto para mandar que la mujer” en tanto que a ésta, como un hombre incompleto.

En la Grecia de Heráclito, Platón y Aristóteles, surgen simultáneamente el homo políticus y el homo metaphysicus; ahora el vínculo que les aglutina ya no son las esferas psicoacústicas de la horda; son los lazos de amistad entre varones, ese vínculo psíquico que trascienden la familiaridad; se privilegia el diálogo filosófico- político como causa de esa amistad. La política pasa a ser un oficio, un arte (techné) que se enseña o por lo menos se trata de enseñar y se ejerce; se cuestiona si debe gobernarse basándose en la episteme o sólo en la doxa. Empero, todo esto es trabajo y actividad de hombres.

De Grecia se pasa a Roma, de ésta a la caída de su Imperio en 476 en que da inicio la Edad Media hasta su conclusión hacia 1492 con el descubrimiento de América, o en 1493 con la caída de Bizancio; y aunque en La Edad Moderna que siguió a la anterior se integró al Viejo Mundo (Eurasia y África) el recientemente descubierto Nuevo Mundo (América), la situación de la cosa pública para la mujer no cambió en alguna medida significativa; salvo excepciones, los varones siguieron detentando el poder real de las coronas, imperios, dictaduras y Estados y han continuado haciéndolo en la Época Contemporánea, cuyo inicio fue en 1789 con la Revolución Francesa y de la cual llevamos 221 años sin una variación relevante al respecto y en la que surge la hiperpolítica.

No se puede negar –como lo he admitido con antelación-- que a lo largo de más de veinte siglos de historia, han habido algunas mujeres destacadas dentro de la actividad política; ya en el período clásico, ya en el de la hiperpolítica, verbigracia: Isabel de Castilla, Catalina de Médicis y Catalina II de Rusia; lsabel I e Isabel II, ambas de Inglaterra; Indira Gandhi, Golda Meir y más recientemente Hillary Rodham Clinton, entre otras; sin embargo, estimo que todas las mujeres que han asumido algún cargo político de importancia o no, bien sea a niveles local, regional, nacional o internacional, han gobernado al estilo masculino. Ninguna ha antepuesto como un gran útero social su feminidad –no su feminismo—al viejo estilo varonil caduco, que ha privado durante más de dos mil años.

Tal vez, a las mujeres que han accedido a la cosa pública no les ha dado tiempo o no se han dado el tiempo para gobernar como mujeres, retomando las experiencias posibles de la paleopolítica, y adaptarlas a la hiperpolítica. El hacer un gobierno de mujeres para hombres y mujeres, debe ser la tarea primordial de la mujer que pretenda aspirar a un cargo público y a la vez su gran reto; ha de buscar cual matriarca de aquellas hordas, en esta horda de hordas, los elementos que dentro de lo deseable sean posibles y llevarlos a cabo; deberá encontrar las nuevas esferas psicoacústicas que aglutinen a la horda de hordas solitarias, haciendo una reingeniería social para que los sordos dialogantes oigan, retomando así la estafeta perdida al inicio del período de la política clásica.

 No basta la observancia de su aplicación y efectividad de las tres generaciones de derechos humanos derivados inicialmente de los postulados de la Revolución Francesa, y a su vez de la Declaración Universal de Derechos Humanos, propuestas por Karel Vasak en 1979; tampoco el inicio de una cuarta generación ante nuevas amenazas en contra de los de las tres primeras, pues si la mujer no asume su papel histórico en la hiperpolítica en estos tiempos críticos de política global, como lo hizo en la paleopolítica, difícilmente recuperará el liderazgo que debió tener con antelación al inicio del Atletismo de Estado.

sábado, 1 de enero de 2011

LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO FORMA DE CONTRAPODER.

 
Reflexión a propósito de la lectura de
El príncipe, de Nicolás Maquiavelo

MAX. LUGO

 El Príncipe, en el que entre otros aspectos Maquiavelo destaca el acto de poder como fundamento del Estado, es decir como la imposición del dominio de quien lo detenta respecto de los gobernados, aun con el uso de la fuerza mediante la violencia o inclusive la crueldad, sin importar si resulta o no moralmente condenable siempre que sea oportuno y que parezca justo aunque no lo sea, me hizo pensar en la oposición del poder; esto es, en el contrapoder.

Entiendo el contrapoder, no como el ejercicio de otro poder del mismo género al que se refiere Maquiavelo, sino al poder no impuesto a la voluntad de otro; no al dominio, sino al impedimento de que el Estado domine y aplaste al gobernado. Esto es, como la capacidad de llevar a cabo actos que lo protejan de la intromisión del poder, cuando considere que éste resulta arbitrario y moralmente condenable, con el propósito de detener la violencia, la injusticia e incluso la crueldad de que se haya investido.

El ejercicio del contrapoder –como yo lo concibo-- no cosiste en que la masa, que no el pueblo, lleve a cabo actos como una turbamulta contra la imposición del poder, consistentes en toda clase de desmanes en perjuicio del propio Estado o de particulares; tampoco participando en actos guerrilleros o terroristas, sino como el ejercicio del pueblo organizado, creando un poder al servicio de un valor común, en donde lo que interese no sea el acceso al poder público, sino el despertar de la conciencia de la sociedad civil contra el poder injusto y cruel. Aunque no ignoro que se pueden adoptar formas violentas de manera extraordinaria --en no pocas veces provocadas por el propio Estado--, las cuales sólo tendrían como justificación el restablecimiento del orden democrático cuando se hubiere perdido.

Así, el contrapoder debe tener como características: a) no ser impositivo de una voluntad propia; b) ser general como manifestación del pueblo y c) no violento. Es decir, el contrapoder ha de acudir al valor para encontrar su justificación, y ésta requiere del poder como acción pacífica del pueblo para realizarse.

Una de las formas de contrapoder, tal vez la más conveniente, no puedo afirmar que la más eficaz, es la resistencia o desobediencia civil. Es a Henry David Thoreau, filósofo americano nacido en Concord, Massachusetts el 12 de julio de 1817, a quien se debe la forma de contrapoder que me ocupa.

Cuando el Presidente James Polk declaró la guerra a México, el 13 de mayo de 1846, el pueblo americano fue obligado a pagar un impuesto para sufragar los gastos que en ella se erogaran; fue entonces cuando Thoreau se opuso a dicho pago manifestando “… el pueblo norteamericano tiene que cesar de tener esclavos y de hacer la guerra a México, aunque le cueste su existencia como pueblo” y tras salir de la cárcel por su desacato después de que una mano amiga enteró el impuesto omitido, escribió su ensayo Desobediencia Civil.

Tal vez, Thoreau al negarse a contribuir al sostenimiento de los gastos del ejército de su país, tuvo presente la frase de Karl Von Clausewitz : “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, contenida en el tratado sobre estrategia y táctica militar,“ De la guerra”, publicado en 1832.

El pensamiento de Thoreau ha servido de inspiración, entre otros, a Mahatma Gandi y a Martin Luther King, Jr. en las obras que emprendieron al servicio de sus pueblos. También a quienes se opusieron a la guerra de Vietnam y a la invasión soviética de la entonces Checoeslovaquia; en Argentina y en Brasil, a los que se manifestaron con cacerolazos y las protestas de los sin tierra, respectivamente. En Francia, a cuantos lucharon y luchan contra la represión de los inmigrantes, así como a los ecologistas que han expresado sus manifestaciones en diferentes ciudades del mundo frente a la OCD.

México, que le debe a Thoreau una muestra de gratitud (tal vez jamás expresada), por la defensa indirecta por la paz, que hizo con su acto de desobediencia civil, al negarse a pagar el impuesto para mantener al ejército de su país en el nuestro, también ha hecho uso de la resistencia civil a través de parte de sus ciudadanos; verbigracia, en el año de 1986 el Partido Acción Nacional lo hizo en el Estado de Chihuahua, contra lo que estimó fue un fraude electoral en la elección para gobernador de ese estado; en 2001 en San Salvador Atenco y en 2006 la APPO convocó a la resistencia civil ----con resultados severamente cuestionables----, a virtud del desalojo de maestros que realizaban un plantón en la ciudad de Oaxaca.

Thoreau, al proponer la resistencia civil, no postula propiamente una anarquía sino un gobierno que menos gobierne, con miras sí, a que no lo haga para que el pueblo sufra abusos y corrupciones de su parte; es decir, aspira a que el pueblo goce de un gobierno mejor. En principio, sostiene, que debe carecer de ejército regular (actualmente hay sólo 25 países en el mundo que carecen de ejército, entre los que pueden citarse Costa Rica y Panamá), y al efecto señala: “cuando los hombres estén preparados para él, éste será el tipo de gobierno que todos tendrán. El gobierno es, bajo óptimas condiciones nada más que un recurso, pero la mayoría de los gobiernos suelen ser, y a veces todos los gobiernos son inoportunos.”

Manifiesta que es al pueblo norteamericano propiamente y no al gobierno, a quien se le debe la libertad del país, la colonización del oeste, la educación y de todo cuanto se había realizado en los Estados Unidos hasta la época en la que él vivió; postula un gobierno cuyo poder esté verdaderamente en manos del pueblo, y señala que la razón por la que se permite que una mayoría mande por mucho tiempo no es porque ésta tienda más a estar en la correcto, ni porque esto parezca más justo a la minoría, sino porque físicamente es más fuerte. Empero, que un gobierno donde la mayoría manda en todos los casos, no puede basarse en la justicia, ni siquiera hasta donde los hombres la comprendan.

Thoreau señala con acierto, que la ley no es garantía de justicia, al expresar que “la ley jamás hizo a los hombres ni un ápice más justos” y lo que es más grave aún, que “gracias a su respeto por ella hasta los más generosos son convertidos día a día en agentes de injusticia”. Pone como ejemplo de esto último, a los soldados en todos sus respectivos rangos que marchan al frente de guerra contra su voluntad, sirviendo al Estado no como hombres, sino como máquinas con sus cuerpos; sin embargo, dice, se les tiene por buenos ciudadanos.

Agrega, “otros -como la mayoría de los legisladores, políticos, abogados, ministros y funcionarios- sirven al Estado principalmente con la cabeza, y así como raras veces hacen una distinción moral, se prestan, sin proponérselo, a servir tanto al demonio como a dios. Muy pocos -como héroes, patriotas, mártires, reformadores en amplio sentido, y hombres- sirven al Estado también con su conciencia, por lo tanto necesariamente en su mayor parte le resisten, y comúnmente el Estado los trata como enemigos. Un hombre sabio sólo como hombre será útil y no se prestará a ser arcilla, ni a tapar un agujero para que no pase el viento sino que al menos dejará ese oficio a sus cenizas.”

Con relación a la observancia de las leyes, Thoreau justifica la desobediencia civil de su acatamiento al expresar lo siguiente: “Existen leyes injustas: ¿debemos conformarnos con obedecerlas o, debemos tratar de enmendarlas y acatarlas hasta que hayamos triunfado o, debemos transgredirlas de inmediato? Los hombres en general, bajo un gobierno como éste, piensan que deben esperar hasta convencer a la mayoría para modificarlas. Piensan que si resisten, el remedio sería peor que la enfermedad. Pero es el gobierno quien tiene la culpa de que el remedio sea peor que la enfermedad. El gobierno lo empeora. ¿Por qué no es más capaz de anticiparse y prever para lograr reformas? ¿Por qué no aprecia a su sabia minoría? ¿Por qué llora y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no alienta a sus ciudadanos a estar alertas para señalarle sus faltas y así poder actuar mejor? ¿Por qué siempre crucifica a Cristo, excomulga a Copérnico y a Lutero y declara rebeldes a Washington y a Franklin?”

En tanto que respecto del Estado represor se expresa así:”…si el Estado jamás confronta intencionalmente el sentido intelectual general del hombre, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está armado con ingenio ni honestidad superior, sino con fuerza física superior. Yo no he nacido para ser obligado. Respiraré a mi propia manera. Veamos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo pueden forzarme quienes obedecen una ley superior a mí. Me obligan a llegar a ser como ellos. No sé de hombres que sean obligados a vivir de tal o cual manera por masas de hombres. ¿Qué clase de vida sería esa?...”; y con relación al gobierno señala que no le interesa y que por ello, le concede mínimos pensamientos ya que “Si un hombre es de libre pensamiento, de libre fantasía, de libre imaginación, eso que nunca parece existir por mucho tiempo para él, mandatarios o reformadores imbéciles no pueden interrumpirlo fatalmente”.

Es decir, nos enseña que el poder del Estado a través de sus gobernantes ha de ser contrapuesto con el poder mental del gobernado. Esta es para mi, la forma más importante de resistencia civil que en el caso singular del gobernado podría considerarse propiamente como una objeción de conciencia; sin embargo, si ese pensamiento singular tiene efecto multiplicador contra la fuerza de un Estado, se está en presencia de una auténtica resistencia civil.

En 1961 Hugo Adam Bedau elaboró una definición de resistencia civil independientemente de su justificación política o ética, que consiste en una acción de protesta colectiva, moralmente fundamentada, pública, ilegal consciente y pacífica, que violando normas concretas, busca producir un cambio parcial en las leyes, en las políticas o en las directrices de un gobierno; esta definición ha sido adoptada posteriormente por Rawls y por Habermas.

En cambio, Joseph Raz afirma que en los regímenes democráticos, la desobediencia civil además de ser una conducta ilícita, es moral y políticamente reprobable; funda su posición en que en estos sistemas existen vías para la participación política, el control del ejercicio del poder y la reivindicación de derechos ciudadanos. Por lo que es sólo en el Estado no liberal en donde la justifica.

A manera de conclusión, considero que como a menudo la desobediencia civil es el único medio con el que cuenta el gobernado frente al Estado, que le pretende imponer y le impone su voluntad, en no pocas ocasiones con la complacencia y tolerancia de los propios representantes populares, se debe incentivar y fomentar por los ciudadanos esa forma de contrapoder, con independencia que se trate de estados cuyos regímenes sean o no democráticos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

SOLUCIÓN PACÍFICA DE CONTROVERSIAS EN EL DERECHO INTERNACIONAL


Reflexión a propósito de la lectura de “Para una crítica de la violencia”, de Walter Benjamin.

MAX. LUGO


En una parte de su ensayo, Benjamin se pregunta si es posible la regulación no violenta de los conflictos y se responde que si lo es ; que ello surge a través de lo que llama “medios puros de entendimiento”, y cita como fundamento subjetivo para ello la delicadeza, la simpatía, el amor a la paz y la confianza , los cuales opone a los medios legales e ilegales; sin embargo, advierte, que la manifestación objetiva de tales medios se halla determinada por la ley que establece una solución no inmediata de ellos , y que dicha solución se logra a través de la intermediación y mediante la conversación como técnica de entendimiento civil.

A ese propósito, me hizo reflexionar respecto a las relaciones y conflictos internacionales; pues mientras el Derecho ha demostrado ser un instrumento idóneo y dócil en el ámbito de la paz interna, en la esfera internacional no ha sido posible aplicar la máxima verdad de que nadie puede hacerse justicia por propia mano. Sin embargo, estimo, que la violencia y la guerra no son los supuestos históricos indispensables para el progreso del Derecho, como afirma Ihering, sino que es el Derecho un orden para promover la paz, como lo sostiene Kelsen.

Al respecto, San Agustín afirma desde una visión teista “La paz, don grande de Dios, lo más grato, lo más deseable y lo mejor entre todas las cosas mortales” y en el mundo de lo humano, sobre el mismo tema dice: “La paz de los hombres es la ordenada concordia”; en tanto que Kant sostiene “La razón moralmente práctica pronuncia este veto irresistible :No debe haber ninguna guerra entre Tu y Yo en el estado natural, ni entre nosotros como pueblo que, constituidos legalmente en nuestro interior, estemos sin embargo, en un estado extralegal exteriormente o en nuestras mutuas relaciones , porque el Derecho no debe buscarse por medio de la guerra”.

Ahora ¿cómo solucionar pacíficamente un desacuerdo sobre un punto de derecho o de hecho, una contradicción, una oposición de tesis jurídicas o de interese entre dos o más sujetos de derecho internacional, si no existe una jurisdicción obligatoria para ello?

En efecto, la Corte Internacional de la Haya ha establecido que ningún Estado puede ser obligado a someter sus controversias con otro u otros Estados; sin embargo, el imperativo ético para todos ellos es la solución de controversias por medios pacíficos y en el supuesto de que se actualice, está perfectamente establecido en el Derecho Internacional la libre elección de medios para ello, los cuales pueden ser de dos tipos: políticos y jurisdiccionales.

Los medios políticos son la negociación, los buenos oficios, la mediación, la investigación y la conciliación. Si el arreglo es entre las partes estamos en presencia de una negociación; si se canaliza a través de un tercero se tratará, en grado ascendente, de los buenos oficios o de la mediación. Cuando la controversia se somete a la participación de los terceros de manara más protagónica, se habla de una investigación o en su caso, de una conciliación.

Por otra parte, los medios jurisdiccionales son el arbitraje y el arreglo judicial. En ambos supuestos, la controversia se somete a un tercero imparcial, con la salvedad de que en el arbitraje se trata de un órgano que se constituye ad hoc; en tanto que en el arreglo judicial, será un organismo permanente de carácter institucional el que intervenga en la solución, como la Corte Internacional de Justicia, órgano judicial principal de las Naciones Unidas.

 Tal vez, la actualización de la solución pacífica de controversias que he destacado para los sujetos de Derecho Internacional, haya sido el ideal de Benjamin para todo tipo de conflictos cuando habla de la posibilidad de su regulación no violenta, a través de lo que llama “medios puros de entendimiento”; pues sin duda no es dable llegar a resolverlos de manera pacífica, cualesquiera que éstos sean, si se está ausente el fundamento subjetivo de la delicadeza, la simpatía, el amor a la paz y la confianza, así como la falta de comunicación entre las partes .

                               ¿Qué es la ilustración?                                                        Max Lugo.       La ilust...